Y este cuento se acabó. Sí, se acabó y no ha tenido el final que todos los aficionados del Haro Deportivo ansiábamos. No se ha conseguido el anhelado ascenso a la Segunda B. Se ha luchado hasta el último suspiro, se ha llegado hasta el último partido y una maldita tanda de penaltis nos ha dejado donde estábamos. ¡Qué fatalidad!.
Llegó la hora de lamernos las heridas causadas por la desilusión de un sueño roto y no queda otro remedio que trasladar nuestras esperanzas a la próxima temporada. Pero que no se nos olvide que las lágrimas de jugadores, cuerpo técnico, directivos y aficionados, la rabia y el desconsuelo que ahora nos invaden no son sino la lógica consecuencia de sentirnos integrados en un proyecto que nació el pasado año y que sería un gran error dar por concluido. Con este proyecto se ha logrado algo muy importante que sólo los viejos aficionados blanquinegros conocemos y recordamos: más allá de conseguir un verdadero equipo, más allá de lograr un once ganador, se ha creado un grupo humano comprometido con los colores de un club cuya cercanía y unión trasciende los terrenos de juego. Se respira cordialidad y camaradería; esto es algo muy difícil de conseguir y se ha conseguido. Sigamos pues creyendo en el proyecto y trabajando por él, seguro que merece la pena.
Ahora llega la siempre delicada fase de tratar de mantener y afianzar, para la próxima temporada, la estructura humana, profesional y deportiva que ha estado a punto de lograr algo que nadie podía imaginar al comienzo de la recién terminada. A tal fin, esperemos que todo funcione bien en los despachos. Suerte, merece la pena.
Bien, pues nada más y me despido. Felicidades a todos y hasta la próxima.
¡Aúpa el Haro!.
