El encuentro de ida entre el Haro Deportivo y el Cacereño deja unas raras sensaciones. Buenas sensaciones por una primera parte en la que los blanquinegros demostraron ser mejores y una segunda que, a partir del golazo de Chumi, deja las cosas a expensas de un milagro. Bien es cierto que los cambios del Haro a partir del minuto 70 (Herreros por Vidorreta y Esaúl por Mayordomo) trastocaron las cosas y cambiaron un estilo de juego que había ido bien en la primera parte, a pesar del 0-1 en contra. Pero Santibáñez buscó el juego directo con la nueva posición de Esaúl, colocado por delante de los centrales y teniendo a Herreros como referencia en ataque.
Pareció sorprendente a primera vista. Sin embargo, es una de las probaturas que ya hizo el técnico blanquinegro en uno de los últimos partidos de la temporada regular. Pudo haber salido bien, pero no salió. En aquel encuentro, frente al Fundación, Santibáñez reconoció que había ensayado un partido en el que se buscaba remontar un resultado en contra. El equipo estuvo bien con Mayordomo y Vidorreta, pero el resultado, no nos engañemos, siempre estuvo en contra. Se consiguió el empate, pero en el 65 llegó el golazo de Chumi, un patadón que se coló por la escuadra de Borja Pascual. De 100 remates así suelen entrar tres. Impecable. Pero 8 minutos después, Santibáñez decidió jugársela, hacer algo distinto. Ya lo había probado. Le salió mal, pero cuando el tiempo se agota, tienes que tomar una decisión.
Ahora, el Haro Deportivo tendrá que ir a ganar a Cáceres. Y nos queda la esperanza de que, durante esta temporada, los blanquinegros lejos del Mazo siempre han estado mejor.