Ganó el mejor en el campo, pero la afición del Athletic se mereció algo más. Bilbao llora, pero no tiene por qué atormentarse. Lo hecho hecho está. Y es que enfrente ha tenido una máquina. Y eso que contaba Guardiola con bajas importantes como son Iniesta y Henry, dos de los baluartes de una temporada que huele a histórica.
El Athletic saltó al campo espoleado por una afición de chapó y el gol que había marcado ya en la grada y en Valencia antes del pitido inicial lo trasladó al campo Toquero en un saque de esquina. El delantero marcó de cabeza y la grada rojiblanca explotaba. Y es que parece que las finales están unidas a nombres raros del fútbol: Toquero, Endika, Alfredo… Parecía que 25 años después el sueño volvía a hacerse realidad. Pero el Athletic reculó, reculó y reculó. No aprovechó la caraja blaugrana tras el gol.Y lo pagó. Porque con balón, y a veces sin él, el Barça parece imparable.
Touré se plantó tras una gran jugada individual y pateó el balón desde la frontal.Un balón que, curiosamente, pasó entre las piernas de un defensor rojiblanco en el instante preciso. 1-1, y el Athletic comenzó a desaparecer. La segunda parte ya fue un paseo militar.Incluso Eto’o perdonó un buen puñado de goles. Bojan marcó el gol que se le negó frente al Chelsea y Messi, acorralado y perseguido, volvió a salirse cuando el partido lo necesitó.
Sin embargo, el encuentro tiene otros tantos mensajes. Uno para Guardiola y sus chicos. No pueden salir a verlas venir. Contra el Chelsea les pasó algo parecido y contra el Athletic más de lo mismo. Una tercera vez y contra el Manchester podría ser mortal de necesidad. El otro mensaje es para el Athletic y para su afición. No volverán con la Copa, pero sí con la ilusión de que llegar a una final no era tarea imposible con su filosofía. El día de la batalla no es que la afición pensó en ellos. Es que estuvieron con ellos. Hasta el final.