Protagonista secundario

Nadie habla hoy de él. Podría haberse convertido en el héroe del partido y la eliminatoria, y acabó siendo el villano. Eso sí, un villano silencioso porque… nadie habla hoy de él. Las portadas de los mejores diarios del mundo –no sólo de los deportivos- llevarían las seis letras de su apellido, pero hoy llevan las siete de su rival. Su rostro, negro sin matices y rudo como el de un gladiador, serían la imagen del día, pero un chico imberbe y de tez pálida le ganó la partida cuando el encuentro agonizaba.

Essien, Michael Essien, el Toro, es el fiel exponente de su equipo, el Chelsea, un conjunto que hace de la lucha y la pegada sus principales virtudes. Iniesta, Andrés Iniesta, el Torero, también juega el papel de representar las mejores cualidades del Barça: un equipo fino, técnico. Dos concepciones del fútbol totalmente antagónicas: el físico contra el toque, el músculo frente a la finura, el contraataque versus el ataque generoso.

El guión del partido hacía presagiar que todos hablaríamos hoy de él, de Essien, de su estilo de juego, de su garra y también de su golazo, un zapatazo con la zurda desde fuera del área que entró como un obús en la portería blaugrana, dejando la marca del balón en el larguero de Valdés. Hoy hablaríamos de él, de Essien, del Chelsea, que ayer fue mejor durante todo el encuentro porque hicieron su fútbol: replegados y juntos atrás, robando el balón en su campo y lanzando el pase a la espalda de la defensa blaugrana en busca de su ariete Drogba. Tan sencillo como eso, no podían hacer otra cosa: secar el juego de toque y precisión del Barça y salir rápido al ataque. Y lo hicieron a la perfección, hasta el minuto 93, cuando los culés se lamentaban por las ocasiones marradas en Barcelona, y los ‘blues’ se frotaban las manos por poder consumar en Roma la venganza de la final del año pasado ante el ManU.

Y en el descuento, la locura: el héroe Essien que se convierte en villano al maldespejar un balón de su área, con su pierna izquierda –la misma con la que había marcado el gol de su vida al inicio del encuentro, su pierna mala por otra parte-; y el anti-héroe Iniesta que acaba enfundándose el traje de héroe –color amarillo-, tras marcar un golazo desde la frontal del área, el gol de su vida, con su pie derecho, su pie bueno. Es la secuencia final contada a cámara lenta: centro de Alves desde la derecha, peina Terry hacia atrás, control defectuoso de Eto´o, maldespeje de Essien con la zurda que deja la pelota muerta a Messi, quien cede atrás a Iniesta. Y gol. Golazo para la historia de este deporte. Y el Barça, a la final de Roma.

Sólo hubo tiempo para las airadas protestas de Ballack y Drogba al árbitro del encuentro, pero esa es otra historia, Essien ya no estaba allí.

Nadie habla hoy de él, de Essien, de su gol ni de su error. Todos hablan del Torero de Fuentealbilla, que ayer salió a hombros por la puerta grande de Stamford Bridge. Olé.

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